El año 2027 será crucial para la estabilidad deportiva de Ferrari en la Fórmula 1, y desde ahora se empieza a vislumbrar el obstáculo más grande en su camino: la relación en pista entre sus pilotos.

Y no es un detalle mínimo. Las distintas generaciones de pilotos de F1 han sido testigos de rivalidades tan acérrimas que han terminado incluso en tragedia, casualmente con Ferrari, en el año 1982, cuando la dinámica entre los fallecidos Gilles Villeneuve y Didier Pironi se torció luego de que el francés ignorara una orden de equipo que le arrebató la victoria al canadiense en la última vuelta del Gran Premio de San Marino.

Ron Dennis, legendario jefe de equipo de McLaren también vivió esta experiencia en carne propia con Alain Prost y Ayrton Senna en los dos años que ambos campeones estuvieron juntos como compañeros de equipo en el equipo de Woking en 1988 y 1989, que involucró colisiones deliberadas y que detonó la salida del francés del equipo británico.

Luego en el 2007, Dennis también se vió encargado de manejar —pobremente— las relaciones entre el bicampeón del mundo Fernando Alonso y el entonces debutante Lewis Hamilton. Amenazas, intentos de chantaje, sabotaje deportivo y alegatos de sabotaje mecánico culminaron en la rescisión del contrato del español con McLaren y la pérdida del título que debieron de haber ganado debido a las superiores prestaciones deportivas de las que gozaban en aquel entonces.

Lewis Hamilton 44 (GBR), de Scuderia Ferrari HP, en el parc fermè del top 3 tras finalizar segundo en el Gran Premio de la Ciudad de México de F1 del 2026. Foto: Cortesía de Ferrari.
Lewis Hamilton 44 (GBR), de Scuderia Ferrari HP, en el parc fermè del top 3 tras finalizar segundo en el Gran Premio de la Ciudad de México de F1 del 2026. Foto: Cortesía de Ferrari.

La relación entre Hamilton y Leclerc ya está deteriorada

Desde que Hamilton se unió al equipo para la temporada 2025, hasta ahora, han habido roces entre el británico y Leclerc. Los Grandes Premios de Miami y Azerbaijan saltan a la memoria, y este año, con Ferrari produciendo el que es quizá el mejor auto de la parrilla —el mejor paquete en general lo desarrolló Mercedes debido a la tecnología híbrida en su unidad de potencia— las diferencias naturalmente se intensifican, generan consecuencias más profundas y exponen debilidades sensibles como la falta de decisión en momentos importantes por parte del muro de Ferrari, con el Gran Premio de Holanda como ejemplo más reciente de los inconvenientes entre ambos.

En México, según reportes, incluso viendo su rodaje en pista limitado por problemas en su unidad de potencia, Hamilton estaba tan contento con su puesta a punto, que no hizo cambios significativos, simplemente ajustes menores.

El sábado, a pesar de haber usado dos juegos de gomas para pasar de la Q2, ejecutó el calentamiento de sus gomas a la perfección en su último intento de vuelta rápida en la Q3 y logró la pole. Sin embargo, la SF-26 no fue la máquina más rápida esa tarde.

La W17 de George Russell, por estrategia, había cargado combustible para hacer dos vueltas de calentamiento para luego hacer la vuelta lanzada. La diferencia entre ambos pilotos al final fue de 9 milésimas. ¿Sin esa vuelta extra de combustible habría sido la primera pole de Hamilton con Ferrari?

Esto otorga más mérito a lo que hizo Hamilton, no sólo en la Clasificación, sino también en la largada. Con un coche que tenía buen ritmo, pero no el mejor, y sabiendo que la velocidad de punta es el talón de Aquiles de la Ferrari, el hecho de que haya podido mantener el liderato en la corrida desde la grilla hasta la curva 1 demostró una habilidad fenomenal por parte del británico.

En esa curva 1 el destino empezó a moldear lo que en la curva 4 sería el giro final que echaría por la borda las aspiraciones de Ferrari a la victoria.

Lewis Hamilton 44 (GBR), de Scuderia Ferrari HP, durante el Gran Premio de la Ciudad de México de F1 del 2026. Foto: Cortesía de Ferrari - Alberto Vimercati / DPPI.
Lewis Hamilton 44 (GBR), de Scuderia Ferrari HP, durante el Gran Premio de la Ciudad de México de F1 del 2026. Foto: Cortesía de Ferrari – Alberto Vimercati / DPPI.

Leclerc conduce como si su trono en Ferrari corriera peligro

La maniobra en la curva 1, ya fue arriesgada de por sí. Ambas Ferrari estuvieron a punto de hacer contacto, lo que hubiera sido una debacle total.

Luego Hamilton defendiéndose como pudo, mantuvo a raya a su co-equipero, pero en la curva 4, Leclerc intentó «la desesperada»: se fue por el exterior, muy pasado, para poder llegar antes al vértice de la curva y poder reclamarla como suya.

Hamilton, un viejo lobo de mar, que tenía que recorrer menos distancia por el interior hasta el mismo punto, a pesar de haber frenado primero, soltó los frenos y logró llegar primero a ese codiciado vértice.

La acción de Hamilton logró dos cosas, darle al británico el derecho de defender su curva, y evidenciar lo desesperado del intento de Leclerc, ya que con menor velocidad incluso él mismo fue a parar más allá de los límites de pista: en conclusión, el monegasco jamás habría podido completar la curva correctamente.

Leclerc llegó a Ferrari como el heredero en ciernes de Michael Schumacher, la leyenda más grande de la Scuderia, siendo apodado «Il Predestinato» por varios sectores de medios italianos y por los tifosi.

A siete años de su llegada a Ferrari, Leclerc, no por responsabilidad propia ya que Ferrari nunca le ha dado un coche de campeonato, no ha podido luchar por un título. Y a lo largo del camino ha acumulado aciertos magistrales, sí, pero también errores garrafales cuando está bajo presión, razón por la cual trajeron a Hamilton en primer lugar.

¿Sentirá en sus hombros la presión externa —y en mayor medida de su ego— de ser el que devuelva el título a Maranello? ¿Se verá amenazado por un Hamilton al que sólo le ha tomado una temporada para poder vencerlo?

Charles Leclerc 16 (MON), de Scuderia Ferrari HP, durante el Gran Premio de la Ciudad de México de F1 del 2026. Foto: Cortesía de Ferrari.
Charles Leclerc 16 (MON), de Scuderia Ferrari HP, durante el Gran Premio de la Ciudad de México de F1 del 2026. Foto: Cortesía de Ferrari.

El verdadero problema es la carencia de gobernanza de la cúpula de Ferrari

El problema de Ferrari es que tienen dos pilotos ambiciosos y capaces —alineación que quizá sea la más robusta de toda la parrilla— y por ende la relación entre ambos es naturalmente compleja de manejar.

Pero, si algo nos ha enseñado la historia es que los equipos a veces dudan en imponer sanciones internas a pilotos que obran por su cuenta o en contra de los intereses de la marca, del equipo y sus socios.

Si bien es cierto que los pilotos deben de tener amplio espacio para hacer lo que mejor saben hacer, siempre deben de recordar que lo hacen sujetos a las responsabilidades y deberes que vienen con trabajar para un equipo con reglas, directrices y lineamientos, en especial cuando se trata quizá de la marca más prestigiosa del deporte automotor.

Ya que esta no es la primera vez que dos pilotos de Ferrari entorpecen lo que sería un buen resultado para el equipo en tiempos recientes, cabe hacer la pregunta: ¿Tiene Ferrari parámetros de conducta impuestos sobre los pilotos que delimiten su accionar en pista? ¿Y si no, qué están esperando?

El contrato del jefe de equipo, Frederic Vasseur, corre hasta el fin del 2027. Si no puede elevar el rendimiento deportivo del equipo a las alturas necesarias para ganar un título, ni tampoco garantizar la harmonía entre ambos lados del garaje, no sería descabellado pensar que la marca italiana no renueve su compromiso más allá del año entrante, y cuando un jefe se va, todos están en riesgo de seguirlo fuera del equipo.

De no tomar una acción decisiva y cortar este tema de una vez por todas, Ferrari no sólo está arriesgando sus aspiraciones deportivas para la siguiente temporada de F1, sino también la estabilidad de su estructura laboral, que sin dudas alargaría aún más la dolorosa sequía de gloria que tanto padecen en Maranello.

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